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BOINC es la Supercomputadora N°1


Con una Potencia computacional provista por: Activos: 396.619 voluntarios, 967.570 ordenadores y Estadísticas de media en 24 horas: 12,330 TeraFLOPS, BOINC es la Supercomputadora N°1 del mundo en Computación Distribuida, ocupando inclusive un puesto destacado en el ranking de las principales supercomputadoras de instalación centralizada, como por ejemplo las supercomputadoras Titan, Cray, IBM, etc.


Actualmente los 10 Proyectos más activos son los siguientes:

1- Bitcoin Utopia
2- Collatz Conjecture
3- GPUGRID
4- PrimeGrid
5- Einstein@Home
6- SETI@Home
7- POEM@HOME
8- World Community Grid
9- MilkyWay@home
10 Moo! Wrapper

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BOINC en Argentina


En todos los proyectos de la plataforma Berkeley Open Infrastructure for Network Computing (B.O.I.N.C.) están participando equipos de la República Argentina.

La República Argentina integrada por las Provincias Argentinas continentales, Malvinas Argentinas e Islas del Atlántico Sur y Sector Antártico Argentino.

Todos los equipos en cada proyecto llevan indistintamente el nombre de "ARGENTINA" ó "Argentina".

Por lo tanto, todo proyecto nuevo que se habilite, automáticamente tendrá un equipo de Argentina participando con su nombre.

Desde el año 2007 el Equipo "Argentina" está participando en el "Formula BOINC Championship".
Por tal razón, surgió nuestro slogan de que "Sumarse al equipo Argentina es representar al país".

Proyectos Mundiales BOINC de Investigación Científica:
La plataforma Berkeley Open Infrastructure for Network Computing es el soporte de gran cantidad de Proyectos: Humanitarios, Salud, Biología, Bioquímica, Química, Física, Matemática y Computación.
Existen varios proyectos que contribuyen con el avance de la Astronomía y Cosmología en el más alto nivel.

Todos los proyectos suman el mismo puntaje, en Formula BOINC todos los proyectos tienen el mismo valor.

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Instituto Argentino de Radioastronomía


El Instituto Argentino de Radioastronomía (IAR) fue creado en conjunto por el CONICET, el CIC, la UNLP y la UBA, cuyas funciones eran las de promover y coordinar la investigación y el desarrollo técnico de la Radioastronomía y colaborar en la enseñanza.

La "Carnagie Institution of Washington" colaboró enviando partes de la primera antena de 1.420 MHz.

Las instalaciones están localizadas a 20 km. de la Ciudad de La Plata, en el Parque Pereyra Iraola y en 1963 se comenzó a construir una antena de 30 m. de diámetro, junto con las obras civiles necesarias para alojar laboratorios, talleres, salas de control y oficinas.

La inauguración definitiva se realizó en 1966; cuenta en la actualidad con un Sitio Oficial en Internet.
El I.A.R. es pionero en la investigación de su campo en América Latina.

En la fotografía, a continuación, se aprecia las instalaciones del Instituto Argentino de Radioastronomía, en la misma se puede observar la antena parabólica de 30 metros de diámetro, que ya es un ícono en la radioastronomía argentina.

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Comisión Nacional de Investigaciones Espaciales


La historia espacial de la Argentina comienza el 28 de enero de 1960, cuando el Poder Ejecutivo Nacional creó por decreto la Comisión Nacional de Investigaciones Espaciales (CNIE), dependiente de la Fuerza Aérea Argentina, designando presidente al ingeniero Teófilo M. Tabanera que en mucho había tenido que ver con aquella iniciativa.

A principios de 1961, Tabanera organizó el Primer Simposio Interamericano de Investigaciones Espaciales con sede en Buenos Aires, que despertó el interés de casi todas las naciones de Latinoamérica e incluso de los EE.UU., representado por el vicepresidente de la Academia Nacional de Ciencias de ese país y otras personalidades del quehacer aeroespacial internacional.

El 2 de febrero de 1961 científicos y personal técnico de la Fuerza Aérea Argentina dirigidos por el comodoro ingeniero Aldo Zeoli, lanzaron desde la base militar Santo Tomás, en Pampa de Achala, provincia de Córdoba, el primer cohete Alfa Centauro APEX A1-02, con la misión de efectuar estudios en la alta atmósfera. El vuelo se llevó a cabo de manera impecable, alcanzándose un éxito sin precedentes en la historia de América Latina.

En lanzamientos posteriores, siempre con cohetes Alfa Centauro, se pudo verificar el comportamiento del complejo, el seguimiento de sus cargas útiles y la información recogida durante la experiencia. Según refiere Benjamín Meiojas, “A partir de ese momento nada detendría a los estudiosos, técnicos, científicos y hombres del arma aérea, empeñados en hacer realidad algo que parecía imposible”.
El éxito alcanzado impulsó a las autoridades nacionales a crear por decreto el Centro de Experimentación y Lanzamientos de Proyectiles Autopropulsados (CELPA), el 27 de junio de 1961.

El 10 de mayo de 1962 el recientemente creado Centro Experimentación y Lanzamientos de Proyectiles Autopropulsados CELPA inició sus actividades en la base de Chamical, provincia de La Rioja, suerte de Cabo Cañaveral nacional desde donde se pondrían en marcha experiencias que llamarían la atención de las principales potencias del mundo.

El Proyecto Gamma Centauro continuó en 1965 con el lanzamiento conjunto de dos cohetes de esa familia desde Chamical, el 6 de febrero de 1965 y otros dos desde la Base Matienzo en la Antártida, siendo la Argentina el tercer país, después de Rusia y los EE.UU, en efectuar experiencias espaciales desde el continente blanco. Los resultados del experimento consistente en el análisis del vuelo y el estudio de los Rayos X en la atmósfera, resultaron exitosos.

Argentina probó su primer proyecto suborbital de consideraciones, al lanzar desde Chamical, el 17 de diciembre de 1967, el poderoso Rigel R-01 de dos etapas, que en el lapso de 9 minutos trepó hasta los 295 km de altitud comprobándose el exitoso comportamiento del instrumental de a bordo a pesar de los violentos cambios de temperatura y presión, de las vibraciones y la aceleración que experimentó la nave durante el trayecto. La dimensiones de este nuevo proyectil nos dan una idea de la envergadura del experimento.

A comienzos de 1969 la Argentina comenzó a desarrollar las misiones Canopus y Rigel con el lanzamiento al espacio de cohetes de mucha mayor envergadura, de una y dos etapas.
La familia del Canopus I contaba con vectores de 4 metros de longitud y motores mucho más sofisticados. A estos proyectiles le siguieron los Canopus II, con un largo de 4,75 metros y a éstos una versión adaptada de 5,10 metros de longitud con una ojiva para experiencias biológicas.

Al igual que los Beta y Gamma Centauro, los Rigel disponían de dos etapas aunque de mayores proporciones, lo que les permitió alcanzar altitudes superiores a los 400 kilómetros.
Estas dos familias de cohetes fueron utilizadas para la realización de experiencias tecnológicas y biológicas de mayor envergadura que colocaron a nuestro país en un plano de desarrollo que solo ostentaban, hasta ese momento, EE.UU. Rusia y Francia.

Los proyectos y programas aeroespaciales generaron la fabricación de distintas familias de cohetes, que en orden cronológico fueron las siguientes:
Alfa Centauro, Beta Centauro de dos etapas y los Gamma Centauro, de más elevada performance. Luego continuaron los Orión I y Orión II, consistente en vectores de mucha mayor envergadura, diseñados para efectuar estudios más elevados de la atmósfera terrestre. Siguieron al Orión, el Canopus I y el Canopus II; y el Castor, máximo logro de la ingeniería espacial argentina, de 8 metros de largo, 280 kgs. de peso total y una carga útil de 75 kgs., estos últimos, de dos etapas cada uno. Se trata de vectores de gran envergadura que hicieron de nuestra nación la sexta en desarrollo tecnológico y científico espacial del mundo y la primera en Latinoamérica.

El desarrollo tecnológico y científico espacial argentino tuvo su apogeo entre los años 1966 y 1970, cuando se destinaron al mismo amplias partidas presupuestarias, demostrando el gobierno de turno especial interés por tales actividades. Las experiencias siguieron con notable impulso hasta 1973 y comenzaron a decaer, lentamente hasta principios de los ochenta. El 10 de diciembre de 1981 despegó desde Chamical el último cohete científico de fabricación nacional, el Tauro, misión que selló una etapa de dos décadas de desarrollo y éxito tecnológico sin precedentes en América del Sur. Esta nueva serie de proyectiles dotados de sofisticados equipos de medición e instrumental fotográfico llevó a cabo con éxito, bajo la dirección del comodoro ingeniero Ricardo Vicente Maggi, misiones de relevamiento de los recursos naturales muy provechosos para el estudio geográfico y económico del país.

Los Tauro T-01 medían casi 8 metros de longitud y disponían de dos etapas, la primera de 2,50 metros y la segunda de 5,20 metros. Los Tauro T-09, de las mismas características, contaron con algunas modificaciones en su estructura que les permitieron mayor dinámica de vuelo. El proyecto alcanzó su auge en 1981 siempre bajo la dirección del Com. Ing. Maggi, continuando el camino emprendido por los ingenieros Tabanera y Zeoli.
En esos años la Fuerza Aérea Argentina emprendió con especial dedicación el ambicioso proyecto de los poderosos misiles Alacrán y Cóndor II desarrollados en la base aérea de Falda del Carmen hasta 1993 año en que el Gobierno Nacional decidió desactivarlo.

A continuación la fotografía, del año 1970, de un cohete Castor en cuya ojiva llevaba instrumental fotográfico para tomas de gran altura, seguido el mismo día de lanzamiento por dos cohetes Canopus dentro de lo que se dio en llamar Operativo Ñahí. El vehículo trepó exitosamente hasta los 500 km de altitud, un record histórico para América Latina, superando la que en años posteriores tendrían las estaciones orbitales norteamericanas, soviéticas y la Estación Espacial Internacional, que gira en torno a la Tierra a 360 km de altitud.

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